JURÍDICO ARGENTINA
Doctrina
Título:Perdida (2020). Un abordaje jurídico
Autor:Kluger, Viviana
País:
Argentina
Publicación:Revista de Derecho de Familia y Sucesiones - Número 16 - Noviembre 2021
Fecha:24-11-2021 Cita:IJ-MMLXXXIX-875
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Un interesante artículo que parte de la ficción para adentrarse en el mundo jurídico, cuestiones vinculadas con las relaciones de familia y la vulnerabilidad de los sujetos en contextos hostiles. Nuestro agradecimiento a la Dra. Kluger.


Adriana del Carmen Guglielmino
Directora


I. Ficha técnica
II. Los personajes
III. Los delitos y las instituciones jurídicas
IV. Los contextos
V. Consideraciones finales

Perdida (2020)

Un abordaje jurídico

Por Viviana Kluger[1]

El objeto del presente trabajo es acercarme a la serie española Perdida (España, 2020), desde una mirada jurídica. A tal efecto, comienzo con la ficha técnica, continúo con la descripción de sus personajes, doy cuenta de su trama y finalmente me refiero a los delitos que se cometen y a los contextos en los que se insertan.

I. Ficha técnica [arriba] 

Perdida es una serie de televisión española producida por Atresmedia -un grupo de comunicación español que opera en varios sectores, especialmente el audiovisual- en colaboración con Big Bang Media -otra empresa española-, para su emisión en Antena 3.

Su creador es Natxo López -que fue uno de los guionistas de otras series españolas de éxito como Vivir sin permiso, 7 Vidas, Allá abajo, Caronte- y participaron también del guión Almudena Ocaña, Aurora Graciá, Carlos de Pando y Mikel Barón. Los directores principales son Iñaki Peñafiel (El tiempo entre costuras), David Ulloa (Física o Química) y Rafa Montesinos.

Se rodó en España y Colombia, en un total de aproximadamente 120 localizaciones -básicamente en exteriores e interiores naturales-, durante 23 semanas.

Fue estrenada primero en Atresplayer Premium y después en Antena 3 durante el mes de enero de 2020, y finalmente en junio de 2020 en la plataforma Netflix, donde está teniendo el éxito que no tuvo cuando fue estrenada en la televisión española.

Está protagonizada por actores españoles muy conocidos como Daniel Grao (Sin identidad, La catedral del mar, Animales sin collar), Carolina Lapausa (Pulsaciones, El internado, Toc Toc) y Melanie Olivares (Bienvenidos a la familia, Bajo sospecha, La Embajada), colombianos como Ana María Orozco (Yo soy Betty, la fea) y mexicanos como Adriana Paz (El autor, Coyote, Vis a Vis).

Consta de una temporada de 11 episodios, de menos de 50 minutos cada uno.

Es un thriller, con ingredientes de “suspense”, intriga y acción, cuyo tema es hasta dónde puede llegar un padre para descubrir qué pasó con su hija.

¿Pero cuál es el contexto que presenta la serie? ¿En qué ámbito se mueven los personajes de Perdida? El trasfondo es el mundo del narcotráfico, el tráfico de menores y la prostitución.

La serie juega con dos espacios físicos y temporales: Valencia y Colombia, que nos llevan de las playas, los despachos policiales y el puerto de Valencia, a los grandes edificios, las cárceles y las haciendas de Bogotá, en una doble línea temporal que va y viene del presente hacia un pasado trece años atrás. Los instrumentos que utilizan los directores para mantener la atención son flashbacks y escenas silenciosas, dosificación de la información y un ritmo trepidante que engancha al espectador. 

Pasemos a la trama: la serie se inicia cuando un hombre bien vestido traga ocho cápsulas de cocaína en la habitación de un hotel cinco estrellas de Bogotá. Se trata de Antonio (Daniel Grao), el protagonista español de la serie, quien parece estar nervioso. No aparenta ser la típica “mula” que contrabandea droga. Abandona la habitación y se dirige al aeropuerto de Bogotá, discretamente, con reserva, dispuesto -aparentemente- a abordar un avión. Sin embargo, los funcionarios del aeropuerto detectan la droga y Antonio es detenido, para ser conducido y encerrado en La Brecha -una de las prisiones más peligrosas de Colombia-.

Transcurren unos pocos minutos desde el comienzo de la serie cuando nos percatamos de que Antonio está donde quiere estar. Él quiere estar encarcelado, parece dispuesto a soportar todo, sin generar ningún tipo de resistencia.

En La Brecha va a conocer a una defensora de oficio, Angelita -interpretada por Adriana Paz- quien se ocupará de su caso y a quien sorprenderá tanto como al espectador la actitud de Antonio de no querer defenderse y lograr su liberación. A partir de acá, Angelita comenzará su propia investigación para poder entender por qué Antonio no hace nada ni colabora para ser excarcelado.

Del presente en La Brecha, la serie nos transporta a una Valencia, trece años atrás, en la que Antonio se dispone a comer en un chiringuito de playa junto a su mujer Inma y su familia. Su hija Soledad, de cinco años, juega en la arena. La madre llama a la niña para que se acerque a comer, pero la pequeña no responde… Todos -familia, amigos- acuden a buscarla, pero no hay ni rastro de la niña. Es como si se la hubiera tragado el mar. A medida que avanza la serie, nos enteramos que el matrimonio se vio superado por la pérdida de la niña y finalmente se separó.

Nada significativo parece haber sucedido en esos trece años…

Volvemos a la Colombia actual y con mayores elementos, confirmamos que el objetivo real del protagonista es adentrarse en esa cárcel para encontrar al posible responsable de la desaparición de su hija. Es que a pesar de que todo hace suponer que en esos trece años que transcurrieron desde la desaparición de su hija no ha habido ningún tipo de novedades, nos enteramos ahora que Antonio toma esa decisión, tras recibir en Valencia un correo electrónico que le da la pauta de que el responsable de secuestrar a su hija puede estar en una prisión colombiana.

II. Los personajes [arriba] 

Pasemos ahora a los personajes. ¿Cómo son esos personajes que se van descubriendo a lo largo de la serie?

En primer lugar, encontramos al protagonista, Antonio, un padre coraje, dispuesto a todo con tal de saber qué pasó con su hija y recuperarla.

Antonio no titubea en recibir castigos físicos, pasar hambre, soportar violaciones a sus derechos, mezclarse con delincuentes, para poder encontrar al apropiador de su hija.

Paralelamente desfilan ante nuestros ojos, madres, abuelas, funcionarias, policías, que son mujeres empoderadas y decididas, mujeres que toman las riendas, que dan órdenes, que no tienen límites para poder conseguir lo que quieren. El cine español de las últimas décadas nos está presentando continuamente este tipo de modelos, al recurrir a mujeres para dar vida a policías al frente de investigaciones y casos de difícil resolución (El sabor de las margaritas, El guardián invisible, La víctima número 8, Presunto culpable, No te puedes esconder, entre otras películas y series). También aparecen otros personajes femeninos dotados de gran energía e iniciativa, tales como mujeres de narcotraficantes, mujeres que regentean burdeles y abuelas que no le temen a nada.

Y por último aparece la cárcel de La Brecha, un personaje en sí mismo entre el resto, que nos permite adentrarnos en el ámbito sucio, oscuro, inhabitable, asfixiante, en el que se desenvuelve la sociedad carcelaria. Un mismo espacio en el que conviven presos que están purgando su condena por delitos tan diversos como las necesidades que tuvieron cuando los cometieron: una arena en la que te aclimatás o te aclimatan a la fuerza, en la que pronto tenés que aprender cuáles son las reglas no escritas, en el que existen bandos en los que estás forzado a alinearte para poder sobrevivir, en la que los motines son las realidades de todos los días.

III. Los delitos y las instituciones jurídicas [arriba] 

Entre estos personajes y en función de los hechos mencionados, en Valencia y en Colombia, ahora y trece años atrás, se cometen unos delitos y se mencionan -aunque en muchos casos erróneamente- algunas instituciones jurídicas.

Perdida es el escenario en el que asistimos a la comisión de varios delitos, aislada o conjuntamente, tales como el narcotráfico, la apropiación, tráfico y secuestro de menores, la falsificación de instrumentos públicos, el incumplimiento de los deberes de funcionario público, el cohecho activo y pasivo, el enriquecimiento ilícito, la extorsión, la adopción irregular, etc.

Quienes cometen este abanico de delitos son policías de todo tipo de rango, jueces, abogados, defensores oficiales, fiscales, políticos, autoridades carcelarias, etc., tanto en España como en Colombia, tanto hoy como ayer. Y ¡oh sorpresa!, también son ejecutados por ciudadanos honestos que ni siquiera se percatan de que están cometiéndolos. Estos sujetos no son conscientes de que inscribir a un recién nacido como propio también es un delito, que recibirlo sin preguntar de dónde viene y aceptar llevárselo sin seguir un procedimiento de adopción, también es violar la ley.

IV. Los contextos [arriba] 

Veamos ahora los contextos que permiten que se lleven a cabo estos ilícitos.

En primer lugar, nos encontramos con una corrupción que es funcional al sistema, que se pone en evidencia en las alianzas entre abogados y jueces, entre defensores oficiales y funcionarios, entre abogados y narcotraficantes, entre autoridades carcelarias y políticos, que se asocian para conseguir determinados resultados, para ser designados en determinados cargos, para seguir delinquiendo.

Estrechamente vinculado a esto, asistimos a un ejercicio discrecional del poder en manos de la policía que investiga, de las autoridades de la cárcel, de los funcionarios que emiten instrumentos públicos.

Atravesando todas las situaciones mencionadas, observamos un doble discurso sobre la ley, utilizada tanto para ajustarse a ella como para violarla.

Los personajes se desenvuelven en un sistema que no da respuestas, lo que los lleva a buscar caminos alternativos -la mayoría ilícitos- para solucionar los problemas a los que deben enfrentarse.

Estamos frente a un agotamiento de los cursos naturales -en nuestro caso, la vía policial, que se muestra incapaz de dar con el paradero de la menor y que hace que el padre emprenda su propia búsqueda-.

Otro aspecto de que da cuenta la serie es la velocidad de los cambios, que evidencia que el derecho a veces queda rezagado con respecto a la realidad; la necesidad de tomar decisiones sin esperar la orden legal; los sistemas informales de enlace de la policía española y la colombiana; el acceso directo al funcionario que firmó una partida de nacimiento falsa para sortear los tiempos lentos de la burocracia estatal, etc.

Perdida también muestra la vulnerabilidad de los más pobres y la asepsia de los que llevan una vida “sin contratiempos”. En este sentido, una idea que subyace en la serie es la de que los pobres están más predispuestos a cometer delitos, pero que la gente “honesta” también puede cometerlos, aunque a veces ni siquiera se dé cuenta que está incurriendo en ellos.

Tal como señalé precedentemente, en La Brecha se violan sistemáticamente los derechos humanos de los presos y se hace la vista gorda ante sistemas paracarcelarios que a veces son la única vía a los que acuden los internos para poder sobrevivir.

La serie muestra seres que se rinden frente a su propia flaqueza y que a su vez recurren a la seducción como arma para conseguir sus objetivos o para cometer delitos.

Finalmente, Perdida muestra las diferencias económicas, sociales y políticas de un lado al otro del océano: la Europa rica versus la Latinoamérica subdesarrollada; la España del primer mundo vis a vis la Colombia caótica y atrasada; y las diferencias en las escalas de valores, según el lugar desde el que se mire.

V. Consideraciones finales [arriba] 

Perdida no es la primera serie que muestra a un padre que hace lo imposible para encontrar a su hija desaparecida.

Sin embargo, lo que la diferencia de otras películas es el camino que recorre el protagonista para alcanzar su objetivo: ingresar voluntariamente en una cárcel terrible.

Y a pesar de que lo que se muestra puede ser que esté llevado al extremo y hasta estereotipado, termina siendo una serie que logra atrapar desde el primer minuto, que hace que te enganches, que te conviertas en un adicto, que no la puedas dejar de ver. Probablemente esto se deba que la serie recibe el aporte de varios géneros, una fusión del thriller, el drama, la acción y hasta el amor.

Antonio finalmente va a alcanzar su objetivo -encontrar a su hija-, pero el precio que va a tener que pagar -y sobre el que era consciente desde el momento en que pergeñó su plan-, va a ser tener que someterse a la justicia.

Porque en definitiva, para lograrlo, Antonio cometió un delito.

 

 

[1] Doctora de la Universidad de Buenos Aires, profesora titular de Historia del Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Vicedecana de la Facultad de Derecho de la Universidad Abierta Interamericana, Vicedirectora del Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho (Argentina).